Cada viernes, todo nuestro colegio se detiene para vivir la Pausa Ignaciana, un espacio sencillo pero muy valioso que nos invita a conectar con nosotros mismos, con los demás y con lo verdaderamente importante.
Durante estos minutos seguimos unos pasos que nos ayudan a interiorizar y reflexionar:
Nos detenemos y hacemos silencio para tomar conciencia del momento presente.
Agradecemos lo vivido durante la semana, reconociendo lo positivo que hay en nuestro día a día.
Revisamos cómo hemos actuado, pensado y sentido, aprendiendo de nuestras experiencias.
Miramos hacia adelante, buscando la luz de Jesús que nos guía, proponiéndonos pequeños retos para mejorar y cuidar más a quienes nos rodean.
Esta pausa forma parte de nuestro compromiso educativo: acompañar al alumnado en su crecimiento personal y espiritual, ayudándolos a convertirse en personas Competentes, Conscientes, Comprometidas y Compasivas, las cuatro “C” que inspiran nuestro proyecto educativo.
Porque educar también es enseñar a parar, escuchar y descubrir quiénes somos y quiénes queremos llegar a ser.



